Las cinco lecciones que nos dejaron las elecciones

Las elecciones en Colombia dejaron señales claras sobre el futuro político del país. Estas son mis cinco lecciones clave sobre la participación ciudadana, la polarización, el papel de las redes sociales y los cambios que marcarán la democracia en los próximos años.
Por Viviana Barberena
El pasado 21 de junio el país vivió una angustia colectiva generada por el miedo de lo que pasaría después de conocer los resultados electorales. Aunque hubo algunos hechos aislados de violencia, en términos generales la jornada transcurrió tranquila.
1. Convivir en la diferencia
Los resultados electorales trajeron sorpresas. Contrario a lo que mostraban las encuestas, el resultado estuvo muy apretado. No se vio "la paliza" de la que tanto se hablaba. Los resultados volvieron a ser los del plebiscito por la paz. Un país que tiene dos claras miradas de sus problemas. Como no hay una victoria arrolladora de unos sobre otros, la Nación tiene que buscar la manera de convivir en esa profunda diferencia.
Creo que Colombia llega por fin a integrarse a las democracias avanzadas del mundo. Llámese derecha o izquierda -o como se quiera- son dos propuestas de país que en muchos aspectos son contrarias y eso significa que habrá alternancia en el poder. Ya no se trata de una convivencia permanente entre todos, con algunos arreglos burocráticos, sino que habrá un gobierno y una oposición fuertes.
El proceso de paz con las FARC hizo que la izquierda pudiera llegar al poder y dejara de ser marginal en el ejercicio político; y llegó para quedarse. Es una fuerza consolidada que representa 50 % del espectro político y ya fue gobierno. Tendrá que revisarse y ser autocrítica para volver a llegar al poder ejecutivo. Tiene la mayor bancada en el Congreso.
2. Un outsider y un vicepresidente que gusta
La llegada de Abelardo de la Espriella es un cambio en el comportamiento electoral de Colombia y corresponde a dinámicas que aparecieron en otros países. Es un verdadero outsider, viene sin un partido político por primera vez, e incluso logra vaciar de electores al Centro Democrático que corresponde a la misma franja ideológica.
Está por verse si esta será la nueva forma de hacer política en el país y si los partidos sobreviven en ese contexto, o definitivamente asistiremos a una transformación total de los mismos. Muy interesante el nivel de liderazgo alcanzado por lo fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo. Como la ciudadanía no había elegido a alguien por fuera de la institucionalidad, su tranquilidad reposaba en que habría un vicepresidente que haría respetar esas fórmulas sin dar un salto al vacío. Y así se volvió popular eso de “yo voto por José Manuel, voto por la fórmula vicepresidencial del candidato presidencial”.
3. El centro no convence
El centro político niveló la cancha, sus votos fueron decisivos y mostraron ser fieles e la balanza. Pero no logró convertirse en alternativa de poder. La racionalidad de sus planteamientos terminó ahogada en la emoción del cambio rápido y milagroso que se prometía. La posibilidad de unir y tender puentes no convenció y la sociedad se mantuvo en describirlo como "tibio". Hay un espacio político para el centro, pero tiene que entender mejor cómo se mueven las emociones.
4. La democracia se democratizó con las redes
La polarización es otra gran ganadora en esta jornada. No está mal, siempre y cuando esto no se traduzca en atentados a la vida, la integridad de las personas y en general de nuestros bienes públicos y privados. Ser capaces de vivir en la total diferencia nos puede fortalecer como sociedad. La democracia se transformó, una participación democrática de esos niveles nunca se había visto, 63% es una cifra récord en Colombia.
Las redes sociales son la nueva expresión de la política. Pero el cambio no está en pasar de lo presencial a la virtualidad, más bien es conseguir “el enganche” del votante que se acerca a lo político a través de las redes sociales y nuevas tecnologías.
Y aunque existen problemas enormes de desinformación y manipulación informativa, la ciudadanía se acerca mucho más por esa vía a la participación. Ahora todos los ciudadanos se sienten con derecho a opinar y a tomar sus decisiones políticas. Esto es un fenómeno nuevo que no se detendrá y seguirá creciendo.
La opinión política también se democratizó. Ya no es el cacique ni el congresista quien orienta a la ciudadanía para elegir presidente. Esto contrasta con el sistema clientelar que se mantiene para elegir el Congreso de la Repúbica.
Felicitaciones y todo mi reconocimiento a la labor de la Registraduría Nacional. En nuestro sistema electoral faltan muchos aspectos por corregir y ojalá el gobierno se empeñe a fondo en la reforma que el país necesita. Pero esta etapa que depende de ella, es impecable.
5. El voto en blanco necesita liderazgo
El voto en blanco es aún marginal en el contexto total de los votos. Para que realmente tenga el peso de una manifestación de desacuerdo frente a los candidatos, requiere una campaña política en todo el sentido de la palabra. Hasta ahora ha sido solo una decisión individual.
Como herramienta de llamado e inconformidad es válido, pero sin que un grupo asuma su liderazgo es difícil que crezca.